Que hermoso ver un mundo unido por el deporte, atletas de todos los continentes, sin diferencias de raza, religión nacionalidad, ideología, edad, género, estatus; todos participando de un megaevento convertido en un ejemplo de
convivencia pacifica y solidaridad, que bello ver a la concurrencia portando banderines vivando a sus parciales, que alucinante ver a los deportistas, al final de cada prueba, abrazarse en un sentimiento de hermandad que es aspiración de un mundo diferente, un mundo de esperanza.