Nuestra generación tuvo la suerte de vivir con intensidad el otrora carnaval limeño, aquel que despertaba toda la alegría y el colorido de la ciudad. La fiesta se celebraba durante 3 días a fines de febrero, declarados feriados por el gobierno lo que permitía la celebración masiva de la población. Durante estos días festivos el Municipio de Lima entregaba simbólicamente las llaves de la ciudad al Rey Momo quien presidia la celebracion y en coordinación con instituciones y empresas organizaban desfiles o corsos con carros alegóricos y comparsas, donde lucían sus mejores galas las Reinas del Carnaval. Cada carro representaba un aspecto de nuestra tradicion con el acompañamiento de bandas de música y agrupaciones de personas con originales disfraces En los barrios dado el calor del mes se jugaba con agua arrojada en baldes o globos, costumbre que no era del gusto de todos, en otros casos se arrojaba, harina, pica pica, sempertinas para expresar la alegría del momento, En otros niveles sociales se usaba el chisguete de eter fragante, el talco perfumado. el cotillón y las flores, todo en el marco de la fiesta carnavalesca.
En las noches las fiestas de disfraces con bailes y brindis servían para coronar estas recordadas fechas. Los carnavales en Lima perdieron su esencia, no obstante en el Perú profundo muchas regiones adaptaron esta fiesta a su propia idiosincrasia dándole una característica propia como ocurre en los Carnavales de Cajamarca, de Ayacucho, de Iquitos, del Cusco, Puno, Arequipa, etc. Recordar es vivir.