miércoles, 23 de diciembre de 2020

ARTÍCULO/ HISTORIA DE NAVIDAD

HISTORIA DE NAVIDAD.
Después de caminar una dura      jornada por pedregosos caminos del  campo, la pareja llegó a la posada y pidió hospedaje, era de noche, necesitaban descansar,ella estaba embarazada. El encargado les dijo que todas las habitaciones estaban ocupadas , pero al ver que ella jadeaba por su estado, les ofreció el establo que estaba en la parte de atrás.
Los esposos se acomodaron en el rústico lugar y al poco rato nació un hermoso niño. Así llegó Jesús al mundo.
A las 12 cantó el gallo anunciando el
nacimiento del Redentor. Jesús y María, sonreían, sabían que era el designio de Dios y que se cumplía la revelación del Arcángel San Gabriel. La bienaventurada y divina pareja  viajó desde Nazaret a Belén de Judea para participar del censo ordenado por el Emperador Augusto.
Jesús nace humilde, sin embargo es Rey, es hijo de Dios , viene al Mundo para compartir su vida con la de todos los hombres. Gocemos de la. Navidad.

miércoles, 16 de diciembre de 2020

ARTÍCULO/ SUIZA.

SUIZA.
La campiña de Suiza es un paraíso moderno hecho realidad: autopistas, puentes, pasos a desnivel, establos climatizados, gasolineras y tiendas , senderos de excursionismo, jardines silvestres con tulipanes multicolores, extensos lagos y pequeños pueblos con sus techos rojos de doble caída y sus iglesias con chapitel o punta gótica, todo ello adornada con  la hermosa presencia de los Alpes. 
En nuestra estancia en el año 2017, en ese pequeño y gran país tuvimos experiencias imposibles de olvidar. Roland y Anali nos invitaron para visitar Lucerna, ciudad italo parlante a orillas del lago del mismo nombre. Para el efecto, mi yerno alquiló un vehículo suficientemente amplio para transportar a 16 personas. Uno de los propósitos era ver la impresio-nanante cordillera Alpina, donde destacaba el macizo de San Gotardo. El viaje fue de fábula, declinaba el verano , ya la gente cambiaba a la ropa invernal y  pese al tibio sol, se mordía el frío que calaba la piel, íbamos a la zona de los nevados eternos de Europa. Roland, esposo de mi hija Anali como buen anfitrión helvético, hizo de conductor, siendo un gran guía en nuestro discurrir  por las ascendentes y serpenteantes au- topistas suizas, en el camino queda- ban los pinos, abetos y cipreses gla- cialmente encanecidos, los hombres del campo guiaban a las bestias a sus abrigados establos y el río Aar se comenzaba a helar. Pese a que era mediodia  los autos encendían sus faros para orientar su andar y evitar accidentes. Nosotros dentro de la Custer, y a pesar de la calefac- ción, sentíamos frío. Nos detuvimos en un surtidor de gasolina, para abastecernos y satisfacer otras de- mandas.. Al bajar, el granizo azotaba el rostro, rápidamente ingresamos al establecimiento donde servían bebi- das reconfortantes para el frío. Al regresar al auto teníamos más gelidez que antes. Emprendimos el viaje nuevamente rumbo al sur , para ello cruzaríamos las entrañas alpinas por el túnel de carretera de San Gotardo, el cual es una moderna autopista bidireccional que tiene más de 17 kms de largo y situado a más de 1000 metros de altitud, siendo uno de los mas largos de Europa. Esta carretera que forma parte del sistema vial nacional de Suiza, es una de las más transitadas y conecta la parte norte de Suiza con el Cantón de Tesino en la ruta hacia Milán en Italia. Cruzar en túnel fue una experiencia impactante, no solo por los 45 minutos de travesía, sino por la oportunidad de admirar la colosal  estructura de esa maravilla de la ingenieria.
Era mediodía y según lo planeado nos servimos refrigerios durante el viaje y así pudimos seguir adelante. 
Al salir al exterior del túnel comenzó la ruta de bajada, a medida que avan- zabamos el clima iba cambiando y el verdor aparecía en una zona de gran vegetación.Ya a orillas de lago Lucer- na lo recorrimos por la carretera que lo bordea, fue un hermoso trayecto. Hicimos un alto en un muelle y co-   menzó a llover, pese a todo la familia se tomó fotos, la lluvia  se tornó intensa y  buscamos refugio, de casualidad llegamos y entramos al " Glasi Hergiswill " o Museo del Vidrio donde vimos como hábiles artesanos en una exhibición fantás -tica con largos tubos soplaban bur -bujas de cristal dándole formas di- versas como botellas, copas, vasos, adornos artísticos, etc, Luego de recorrer el interesante Museo-Taller  ingresamos  al bazar de regalos don de  vendían originales productos de vidrio. Fue una experiencia singular.
Sabiendo que el regreso era largo 
emprendimos el retorno, la mayoría 
de nosotros se rindió al cansancio y 
echó un sueño, ahora pienso como Roland pudo resistir tanto y en ningún momento tuvo un merecido
descanso. No tenemos palabras para
agradecer tantas atenciones.



lunes, 14 de diciembre de 2020

LA CALLE/ CUENTO.

                                                             LA CALLE

Mi nombre es Carlos, aunque los que me conocen de siempre me dicen Calicho.Nunca supe la razón del apelativo, pero me imagino que fue para evitar la confusión ya que mi abuelo y mi padre también tenían mi nombre. Mi barrio siempre ha sido el distrito de La Victoria,, es una zona muy popular y presumo que por el carácter de su gente,sus tradiciones, y su dinámica social multiétnica , se le conoce como" la Rica Vicky". Durante  la década del 60 ,corrían mis años de mozalbete y la inquietud natural de esa edad me llevó a explo- rar el mundo desconocido fuera del callejón que me vio nacer. La necesi -dad abre puertas y los mandados de mi madre me  enseñaron nuevos ca- minos.Así conocí la tienda de abarro- tes, la lechería adonde llevabas  tú porongo para que con medida te vertieran la leche fresca,también iba a la panadería del japonés y la verdu- lería de Don Juan Cangalaya, todo estaba cerca,era un pequeño mundo alrededor de la 4ta de Raimondi. No obstante, mi ingreso a la secundaria me permitió ampliar mi perspectiva callejera. Tenía once años. Ahora ca-minaba hasta el Paseo de La Repú- blica frente a Radio Victoria y al Parque La Cabaña, ahi tomaba el tranvía eléctrico que me llevaba al colegio, aún no se construía la Vía Expresa. Dicho viaje me permitía conocer nuevos lugares aunque solo de pasada, además la experiencia estudiantil hizo que mi mundo creciera en todo sentido.El tiempo transcurría inexorablemente, como no habia TV, nuestro entretenimiento en casa eran los programas radiales infantiles. Mi madre  escuchaba "El Derecho de Nacer ", ella adoraba al personaje central Alberto Limonta al cual nunca vio pero la atraía su melo- sa voz,  al terminar su radionovela, mi vieja me daba permiso para escuchar el western  "Poncho Negro", programa preferido de todos mis amigos de la vecindad, después de escuchar trotes y balas radiales iba a resolver mis tareas del colegio, mi madre con el rabo del ojo estaba siempre viendo el cumplimiento de mi sagrado deber. Con el tiempo mis padres consintieron que los sábados y domingos fuera  a jugar en la acera de la cuadra con la "patota" del barrio, aunque habían limitaciones, pues estaba prohibido  ir al barrio Rojo que quedaba a una cuadra y al que llamaban Huatica. Los días libres nos reuníamos para hacer correr las bolas y embocarlas en los "ñocos"; ahí bailábamos los trompos para tronarlos entre sí y llevarlos a la cocina del juego. La orilla de la calle era el escenario perfecto para jugar "la canga", "el mundo" y "el culebrón". Algunas veces las vecinas echaban agua al piso de la acera para frustrar nuestra diversión, porque según ellas el alboroto rompía su paz. Ese era nuestro festivo trajinar.  Por cierto, gran parte de la tarde y también de la noche la dedicábamos a la "pichanga pelotera". En aquel entonces los carros asomaban de vez en cuando, así que el balón discurría a todo dar, sin embargo, nuestra mayor preocu -pación era la llegada de los" tombos" quienes nos correteaban para quitar- nos la pelota y evitar el juego en la pista, que decían era prohibido.  La verdad es que ignorando cualquier riesgo  la "collera", estaba dispuesta al inicio del partidito, todo estaba acondicionado en la cancha pistera, ladrillos servían de  arcos, jugába -mos con pelota de trapo,sin réferi, todos corriendo dentro de demarca -ciones imaginarias, eso si,  jugando con lealtad, fraternidad y amor propio. Los más diestros con el balón estaban en equipos diferentes,ellos regían y armaban sus equipos para comenzar la "pichanga" que fue nuestro juego preferido y nos marcó de por vida,porque el juego también nos sirvió para aprender que se puede ganar y perder. Ya en la noche ,terminada la faena, íbamos al caño que tenia el callejón y nos lavábamos para poder ingresar a nuestras casas y recibir la acostumbrada monserga materna. Ahí estaban mis amigos, Aguadito Torosentado, Pesadilla, El Flaco Delfín y Ojoñahui, con ellos desperté de la inocencia puber, con ellos, aprendí a jugar con trompos, bolitas, chapitas y  pelotas de trapo ,así en el bullicioso vecindario junto al cine Splendid, dimos los primeros pasos en aquello que la gente entendida dice "calle".

CRÓNICA /PARA NO RECORDAR.

PARA NO RECORDAR.
Transcurría el año 1996, como todos
los domingos en las tardes descan- saba en casa. Anabel, mi hija mayor,
entró a la sala donde yo veia TV, ella
me dijo que no podía estudiar porque
el fluorescente titilaba y había que comprar un nuevo arrancador, me  levanté del sillón y así como estaba, con short y sandalias fui a comprar al vendedor ambulante en la Av. Abancay,  a tres cuadras de nuestra casa. Después de adquirir el repues- to tuve que cruzar la concurrida Av Grau, ahí al observar  que la luz verde me favorecía ,atravesé la pista por el crucero peatonal,  de pronto un omnibus repleto de pasajeros dio vuelta y me atropelló arrojándome al piso, el fuerte golpe hizo que levanta- ra mis pies, los cuales se engancha- ron en el parachoque posterior para arrastrarme algunos metros. El vehí -culo no llevaba mucha velocidad , pero al estar lleno de pasajeros el conductor no pudo observar a los transeúntes. Sin embargo, el grito de la gente hizo que detuviera al ómni -bus. Yo estaba en el suelo obnubila -do desangrándome con la piel del pie hecha jirones. Un guardia de Tránsito intervino al anciano chófer y más le
importó extenderle una papeleta que preocuparse de mi estado calamito-
so. A pocos metros del accidente, mi esposa Amparo y mi hija menor Ana- li, regresaban de compras del merca- do y vieron de casualidad el atropello
al darse cuenta que la víctima era yo,
conmocionadas gritaron y consigui-
ron detener a un vehículo policial que
me trasladó al Hospital Dos de Mayo,
mi esposa subió al auto y me acom- pañó a emergencia del nosocomio, mi hija fue a alertar a la familia del
incidente.
Ya en el hospital, los médicos se
dieron cuenta que la piel del empeine y del talón del pie derecho estaban arrancados y colgaban a punto de desprenderse, al momento me envol- vieron con vendas y me inyectaron analgésicos y antibióticos, luego me tomaron radiografías para determi -nar fracturas y lesiones internas. Mi pie izquierdo también tenía lesiones pero de menor gravedad. Mi esposa muy nerviosa trataba de darme áni- mos, yo aún con el shock me encon- traba adormecido y ya comenzaba a sentir dolor.Pese a toda mi turbación escuché a una enfermera hablar so -bre la posibilidad de una amputación, comentario que me traumó aún más. Al rato, llegaron mis hijos mayores y tuvieron que esperar porque me ha -bían pasado a la sala de descanso.A la hora llamaron a mi esposa y le dijeron que la situación no ameritaba amputación, pero si había necesidad de una cirugía de injerto. Nos volvió el alma al cuerpo.
Entretanto, detuvieron al conductor
del omnibus para luego liberarlo des- pués de firmar un documento donde se hacía responsable de todos los gastos a través de la Compañia de Seguros La Positiva. Mi esposa tenía ese trajín diario, ella receta en mano tenía que ir a la aseguradora para hacer efectivos los montos de la farmacia. A los pocos días se hizo la cirugía de transplante, me sacaron piel de mis muslos y nalgas colocán- dola en las partes afectadas.El trata- miento de recuperacion tardó 6 meses, de los cuales 2 pasé en el Hospital y los restantes en casa con tratamiento ambulatorio y rehabilita-ción, yo inmovilizado dependiente, en cama pie alzado, luego silla de ruedas y baston, medicamentos, dieta, con licencia de trabajo y mi familia afectada en todo sentido.
Se siguió juicio al chófer y a la Em- presa de Transportes, pero la indem- nización fue tan ridícula, monto del  cual teníamos que pagar al abogado, por lo que apelamos para una recon- sideración lo que nunca se resolvió hasta que prescribió.
La operación no dejó secuela loco- motriz, pero si cicatrices y un trauma que aún perdura.Lo que nunca me faltó en estos días fue el profundo amor de mi familia que en todo momento me apoyaron en mi desgracia.

sábado, 12 de diciembre de 2020

EL HALLAZGO/CUENTO.

CUENTOS

EL HALLAZGO

Santiago es un pequeño niño que vive en el Puericultorio Pérez Araní- bar en el distrito de Magdalena, es uno de los tantos huérfanos alojados en ese orfelinato que perdieron a su familia en la sangrienta guerra civil que convulsionó a nuestro país en la década del 80. Lucanamarca, su pueblo natal en el departamento de Ayacucho fue asaltado la noche del 3 de abril de 1983 por pandillas sub- versivas de Sendero Luminoso, los sorprendidos comuneros fueron reunidos en la plaza principal  y fueron acusados de haber matado a un líder senderista, además de colaborar con las autoridades del gobierno, por ello fueron ejecutados sumariamente a machetazos. Los cadáveres de 69 personas fueron enterrados en una fosa común en una quebrada cerca del Rio Churmi. Pocos se salvaron de la masacre,en la madrugada cuando llegaron las fuerzas policiales encontraron al pe- queño Santiago que había sido es- condido por sus padres entre unos matorrales, había sobrevivido a la  matanza terrorista. Aún con la con- moción, el niño fue traído a la capital en avión internándosele en el citado hospicio de la Av. Del Ejército con la idea de una crianza protectora, que siguiera estudios y quizás fuese adoptado por alguna familia. Santia- go creció entre la frialdad de  los profesores y tutores,así como con el mecanizado afecto de las damas voluntarias.
Todos los jueves llegaban las visitas al albergue ,el ,inmenso patio se con- vertía en un lugar de gran algazara donde se juntaban niños,familias y padrinos ; en un rincón Santiago se- guía esperando a sus probables pre- ceptores que nunca llegaban. Tal vez su esmirriado cuerpo,,su natural mu- tismo o su perenne tristeza lo hicie -ron inelegible.Así pasaron algunos años. Cierto día, saliendo del come -dor institucional, al bajar por las es-caleras observó como una elegante señora resbaló entre los peldaños,  dándose un golpe que le hizo perder el conocimiento,Santiago se apresu- ró a socorrer a la  dama, la recostó contra la pared y pidió ayuda que no tardó en llegar. Carmen Málaga era el nombre de la accidentada señora, ella era la abogada de la institución y estaba ahí , sentada en el piso reco- brándose del golpe sufrido y agrade- ciendo al niño por su ayuda tan opor- tuna. Desde aquel incidente Santiago recibió la visita semanal de la letrada quien le tomó al niño un especial afecto.Así ella conoció la triste historia del pequeño huérfano que lo ligaba a los fatídicos días del terrorismo en nuestros pueblos andinos.El niño por cierto en su encierro tutelar ignoraba de muchos hechos que la doctora se encargó de investigar hasta encontrar la verdad de lo ocurrido.
Un jueves de visita el Director  del Puericultorio llamó a Santiago para que se presentara a su Dirección ,al ingresar al amplio salón se encontró con la Dra. Málaga quien dirigiéndose a él le dijo:
Tengo una sorpresa para ti,hemos hallado a tus padres,no murieron como todos suponíamos,ellos
sobrevivieron a la matanza en tu pueblo,hemos realizado todas las verificaciones y no tenemos duda.Ellos están en la habitación contigua,han venido por ti.Santiago no podía creer lo que escuchaba,su cabeza daba vueltas,no sabia si reír o llorar,su corazón iba a estallar, De pronto la puerta se abrió ý como mágica aparición ahí estaban sus padres a quienes creía muertos,un abrazo confundió a la familia. Somos tus padres,fueron sus palabras,nos escondimos para evitar las represalias de los terrucos,vivíamos en las punas esperando que se acabe la guerra sucia. Te hemos buscado durante años,teníamos la esperanza de hallarte vivo,la Doctora nos encontró en Huamanga y nos dio la noticia de tu paradero,a ella le debemos este milagro,ahora te hemos encontrado,recuperaremos el tiempo perdido,comenzaremos una nueva vida. Terminó nuestro calvario. Nadie dijo nada,en el aire se oían sollozos y se respiraba un sentimiento nacido del dolor y la ternura.

EL CHASCO/ ,CUENTO

CUENTOS

EL CHASCO

Era Navidad,mi madre se quitó el delantal y se sentó con nosotros alrededor de la mesa, mi padre dio los buenos deseos y marcó el inicio de la esperada cena pascual. Norma, mi única hermana, y yo nos miramos en silencio y empezamos a saborear el chocolate caliente y el oloroso pe- dazo de panetón. Mi madre sonreía discretamente y mi padre de reojo nos miraba. Ese era nuestro frugal festejo, no obstante, la felicidad del nacimiento del Niño nos envolvía con su magia.En un lugar de nuestra es- trecha sala, el pesebre,ya descubier -to, con una luz tenue anunciaba la buena nueva.Habían llegado los Re -yes Magos. En las otras casas del vecindario,en el viejo callejón de La Victoria, popular distrito donde viví- amos, ocurría lo mismo. Cada fami -lia compartía la familiar cena. Al lle -gar la  hora cero, en el barrio sonaba el ulular ruidoso de una sirena y en el cielo retumbaban los multicolores fuegos artificiales, Uno que otro niño traviesamente reventaba sus cohete- cillos. Todo era parte del regocijo festivo. La vieja tradición navideña renovaba los votos cristianos.
Esa noche ,Norma y yo teníamos otra agitación infantil, sabíamos que el Viejo Noel  nos visitaría.Temprano habíamos colocado nuestros zapa- tos cerca a la ventana con la inocen- te seguridad que ahí nos dejarían los ansiados regalos. Después de la ce- na nuestros padres acostumbraban conversar largo rato, nosotros íba- mos a la cama. Probablemente, cuando el  sueño nos había vencido, ellos buscarían en su lecho el justo reposo esperando un animoso despertar.
Yo sabía que esa noche iba a ser di- ferente, ya en la cama , nunca me pu- se la ropa de dormir, esperé que mi hermana caiga rendida.La oscuridad de la noche era total, de repente es- cuché un leve silbido, eran Delfín y Edmundo ,mis amigos de correrías con quienes según lo planeado cum- pliríamos un soñado reto. Esa noche pretenderíamos realizar una hazaña que nos convertiría en héroes del barrio, Nuestro idea era bañarnos después de la medianoche en la Laguna del Parque de La Cabaña y traer algunas aves a nuestras casas. Como no había otra oportunidad tenía que ser precisamente esa noche de Navidad.
El Parque de La Cabaña llamada también Parque de Los Patos, situa -do en Lima Metropolitana, casi en el límite con el distrito de La Victoria, cerca a la Plaza Grau y el Estadio Nacional. era un lugar de distracción para todos los visitantes.Ahí estaba Radio Victoria, donde al mediodía se difundía la música criolla con la par -ticipación de los mejores solistas y conjuntos de música criolla. La gente acudía en gran número y en el peque- ño auditorio todos disfrutaban de los éxitos del momento. Al costado de la emisora estaba el renombrado teatro La Cabaña donde señeras figuras del arte escénico actuaban siempre. Par- te del sitio también era utilizado co -mo depósito municipal. El inmenso parque era una zona de descanso para las familias, ahí los niños reto -zaban en su libre albedrío y los adul- tos se entregaban a un plácido des -canso, el lugar estaba poblado de frondosos árboles y multicolor floresta, pero la gran atracción era la gran laguna con sus vistosos botes en los cuales la gente gozaba reman- do y visitaba los islotes que la Muni -cipalidad utilizaba como almácigos y criadero de patos, gansos y palomas. Durante la noche el parque era el pa -raíso de los enamorados de una Lima que respiraba un sano roman- ticismo.
Seguro de que mis amigos me espe -raban impacientes por mi tardanza, me apresuré a salir sigilosamente, antes me cercioré que mi hermana estaba vencida por el sueño. Me deslicé calladamente por la única ventana de mi casa y pronto estuve con mis compañeros de aventura.
El parque estaba a unas diez cuadras del barrio, cruzamos las viejas y an- chas quintas de la Nueva Lima, los rieles del tranvía en el Paseo de la República y al fin llegamos a nuestro destino. Como era Nochebuena los guardianes estaban ausentes y con las sombras de la noche comenza -mos la  esperada tarea. Edmundo y yo, nos metimos a nado en la laguna, Delfín se quedó cuidando la ropa. De dos brazadas llegamos a los islotes y preparamos los costalillos para guardar las aves atrapadas y con ellas dar testimonio de nuestra proeza.Para sorpresa no hallamos los gansos y patos,así que tuvimos que resignarnos a cargar  palomas. De todas maneras, ya habíamos cumplido con el gran proyecto, ya no nos importaba la aves, al día siguien- te toda la patota del barrio celebraría nuestra hazaña. Seríamos los héroes del vecindario.Todo se desarrollaba según lo planeado. Ya de regreso a la orilla donde nos esperaba Delfín es -cuchamos a lo lejos agudos y pene -trantes silbidos que desaprobaban nuestra prohibida presencia,eran dos policías que se habían percatado del hecho.Temeroso aceleré mi nado, con el susto solté en el agua los costalillos con las palomas y no supe que suerte corrieron, así tuve tiempo de recoger mi ropa y huir como alma que persigue el diablo. Edmundo ,que nadaba con más len- titud, no tuvo la misma suerte,al lle- gar al borde de la laguna fue atrapa- do por los custodios que se reían a carcajadas al verlo desnudo,temblan- do de miedo y de frío. Delfín en me -dio de la agitación no esperó y se escapó llevándose las prendas del pillado Edmundo. Muy apurado des- pués de ponerme la ropa me encon -tré con Delfín en el camino, corrimos como nunca y llegamos al barrio. Todo estaba en silencio. Sólo en la esquina algunos parroquianos con- versaban tomando algunas cervezas. Nadie notó nuestra presencia y cada quien se fue a su casa.Al llegar  me deslice en silencio y pasé inadverti -do. La familia dormía plácidamente. Delfín fue a la casa de Edmundo y arrojó por la ventana la ropa de éste. Entretanto, reventado en llanto y cu -bierto por un abrigo, nuestro desa -fortunado camarada fue llevado a la Comisaría.
Ese día mi despertar estuvo lleno de remordimientos, temía lo peor. Papa Noel había cumplido con su trabajo, me había dejado dos revólveres con sus respectivas cartucheras, mi her- mana acariciaba su mejor muñeca; no obstante, esa felicidad navideña  era superada por mis pesares. Esa mañana mi padre tuvo una feliz idea, toda la familia iría a casa de unos tíos a pasar el resto del día. Sin quererlo se convertía en un bálsamo momentáneo para mis preocupacio- nes. No hubo necesidad de repetír-  melo, me vestí de prisa y como nun- ca estaba listo y hasta peinado. Mi madre fue  la más sorprendida. Llegamos a la casa de los tíos y no tuve un buen día, para mí fueron ho- ras de sobresaltos y en mi acusadora fantasía me veía preso en la cárcel con mis compañeros de infortunio.
Aquel 25, muy temprano, la madre de Edmundo  al notar la ausencia de su hijo dio el grito al cielo estaba deses- perada, lo peor era que al encontrar la ropa arrojada por la ventana pensó lo peor, para colmo en el vecindario nadie daba cuenta de su paradero.Ya estaba por ir a la Comisaría cuando llegaron dos policías  acompañando al desaparecido, según cuentan, nuestro amigo estaba asustado por la paliza que le esperaba, sollozaba y su rostro solo reflejaba una cándida inocencia.La madre recibió una enér- gica reprimenda por no tener cuida- do con el inquieto niño. Edmundo había declarado en la Comisaría que solo habíamos ido a bañarnos en la laguna,como no había evidencias de otro hecho, los guardias no quisieron indagar y consideraron a la ocurren -cia como una atrevida travesura na- videña. Luego de marcharse los cus- todios, Edmundo, tratando de ganar- se las indulgencias de su madre, le contó quienes habían sido sus cóm plices en aquella fatídica noche. Mi padre al enterarse de nuestra desa- tinada empresa,sin contemplaciones y muy a la antigua me hizo sentir su desazón  en mis posaderas, regalo navideño que aún recuerdo.
Después de algunos días de encierro obligado y cumplidas las peniten -cias, me encontré con mis amigos de aventura y decidimos no contarle a nadie la verdad de lo ocurrido, pero como en las vecindades con paredes de quincha, todo se sabe , cuando jugábamos al trompo en la acera de la calle los amigos decían burlona -mente,. ¡Al agua patos!.     

jueves, 10 de diciembre de 2020

QUERIDA FAMILIA/ MENSAJE.

🐼...QUERIDA FAMILIA.
Vivimos momentos difíciles, no obstante, nuestra familia vive feliz y unidos por nuestro amor. La Navidad siempre la hemos pasado juntos, sin embargo, dadas las circunstancias, es preciso cuidarnos y evitar consecuencias que podríamos lamentar. Es una lucha entre la razón y el corazón, pero debemos atender lo que dicen los expertos. Esta vez no podremos estar juntos físicamente, más nuestras mentes y corazones como siempre serán solo uno.

martes, 1 de diciembre de 2020

LA VECINA/ CUENTO.

LA VECINA.
Vivíamos en un gran solar, aún no
salíamos a la calle, éramos niños que jugábamos en la vecindad hasta cansarnos de la vitalidad y algarabía  propia de nuestra edad, a veces jugábamos a las canicas o al yas, para ello buscábamos suelos lisos donde podíamos deslizar con comodidad nuestras diestras manos. Sin duda el mejor lugar de toda la vecindad era frente a la puerta de la Sra. Domitila, noble anciana , inquilina del departamento B, su piso era impecable, pulcro y lustroso, ideal para que arrodillados juguemos a nuestro entero y regalado gusto. A todos los vecinos les gustaba vernos retozar en ese rincón del vecindario, menos a la Sra.Domitila, que se quejaba de nuestro bullicio y del daño que le hacíamos a su piso. Ella para mostrar su disgusto salía a la puerta, nos lanzaba una monserga represiva,  y nosotros con el rabo entre las piernas corríamos a  escondernos a un mejor sitio, luego ella echaba petróleo a nuestro lugar favorito y evitaba así nuestra diaria presencia. Era sin duda, una actitud egoísta de la sexagenaria mujer. La patota como respuesta mostró su molestia con travesuras malignas como tocarle la puerta y desaparecer ensuciarle el piso o echarle papeles por debajo de su puerta, eran muestras evidentes de nuestra  indignación infantil. Ella se quejó a nuestros padres, quienes nos casti-garon severamente, no pudiendo salir de casa durante una semana y nos prohibieron acercarnos a la puerta de la solitaria vecina. La paz quedó sellada en aras de la armonía de la comunidad. Era Adviento. Cerca a la Navidad todo el vecindario se prepa- raba para darle la bienve -nida al hijo de Dios, las casas se adornaban con decoraciones que anunciaban a Cristo entrando a nuestro mundo. La Sra Domitila no era ajena a ésto, ella armaba un singular nacimiento en la sala de su casa, en él brillaban  el retablo de la Sagrada Familia, los Reyes Magos, los pastores y uno que otro anima -lito, todo como  parte del mágico renacer; completaban la alegoría cristiana el infaltable árbol  navideño y la iluminación multicolor.
El día 24 la señora abría de par en par la puerta de su casa para que el
vecindario la visitará y la felicitara 
por su devota muestra de amor al 
Señor. Era una tradición en el solar. Aquella noche los vecinos visitaron  el hermoso nacimiento y elevaron juntos una oración por la alegría de la Navidad. Fue cuando la Sra Domi- tila advirtió que no había ningún niño en la sala, preguntó por nosotros y los padres casi en coro le dijeron que les estaba prohibido acercarse a su casa. Aquella noche los villancicos no tuvieron la alegría de siempre, so-
bró chocolate y panetón. Los niños
estábamos ausentes. Recién la Sra Domitila comprendió su actitud egoísta y trató de entender nuestra  traviesa conducta infantil.  Concluida la visita la anciana no pudo disimular su tristeza.                                  Cuando llegó el Día de la Bajada de Reyes la señora invitó a los vecinos para la tradicional ceremonia de despedida al Niño Dios.Tal vez  para ella era un acto de contricción, lo cierto es que la sala de la matrona de la Quinta estaba llena de los devotos padres y madres de la vecindad. Todo comenzó con una oración, los padrinos tomaron al niño para despedirlo según la costumbre y en esos momentos, el rostro de la Sra Domitila, se iluminó, en la entrada de la puerta todos los niños de la vecindad cantábamos los villancicos navideños, asistíamos en pleno a la "Manifestación del Niño" en señal de amnistía, ella presurosa abrió las puertas y entramos a la casa con nuestra alegría a cuestas, dándole amor y color a la fiesta de Jesús. Domitila con sus ojos muy abiertos derramaba lágrimas como pidiendo perdón.
TULIPAN/  Nov, 2020.