Hojeando las "Tradiciones Peruanas" de Ricardo Palma hallé una que lleva como título " La llorona del Viernes Santo", escrita con el jocoso y mordaz estilo del tradicionalista limeño, el relato se refiere a las plañideras, esas mujeres que durante la Colonia se les contrataba para que lloraran y expresaran lamentos en el entierro del difunto, ponderando las bondades de quién en vida fue. Palma señala que las plañideras estaban organizadas en una Asociacion que luego fue proscrita y abolida "por ir contra la máximas cristianas" (sic). La lectura también me trajo a la memoria uno de los cuentos de mi juventud, "El despenador" de Ventura García Calderón donde el autor menciona a estas lloronas en un trágico relato de un cacique moribundo en el mundo andino. Pensé que la presencia de las plañideras era una de las tantas costumbres heredadas de España, sin embargo, al investigar sobre dónde se inicia esta práctica, me sorprendió el hecho que las plañideras tienen su origen en el Antiguo Egipto, donde era tabú que los deudos llorarán en público durante los ritos funerarios. Asimismo, en La Biblia, en Jeremías IX.17, también se menciona a estas mujeres cuando se refiere a los males del pueblo elegido y señala: "Id en busca de plañideras... son más diestras en hacer el duelo" (sic).
Actualmente, las plañideras han dejado el ritual original y es un oficio extinto aunque a veces tiene particularidades en algunos lugares. como en Querétaro, México, donde se ha convertido en espectáculo organizándose concursos de plañideras o chillonas.
En Medellín, Colombia, en los cementerios existen mujeres que por un pago rezan y hasta recitan versos por los muertos ajenos, según ellas les dan paz y tranquilidad.
En la música, el cantautor peruano Raúl Vásquez hace referencia a estas mujeres en un hit de los años 70, cuya letra dice "la plañidera llora a aquel que no conoció".
Lo cierto es que las plañideras son una de las tantas costumbres que han desaparecido por la propia dinámica social de adaptación a los nuevos tiempos, proceso que es permanente aunque a veces difícil de percibirlo.
TULIPAN/ 24, agosto, 2022.