A fines del Siglo XVIII, don Sancho de Andrade y Figueroa Obispo de Quito, estaba enfermo y desahuciado, la ciudad norteña de gran devoción por la Virgen María organizó una novena por la salud del sacerdote, aquel día una procesión de fieles vio en el cielo la imagen de María dibujada por las blancas nubes. El Obispo curó su mal y la vision fue tomada como un milagro. Los franciscanos construyeron un Santuario donde se guarda un lienzo pintado con la imagen de la milagrosa Virgen.
Una quiteña fiel devota de la advocación Mariana, de nombre Antonia Lucía del Espíritu Santo funda en Lima el Monasterio de las Nazarenas junto al Templo del Señor de los Milagros, en el año 1747 después del fatídico terremoto que destruye la capital, se decide colocar el lienzo de la Virgen de la Nube en la parte posterior de la imagen del Cristo Morado representando una asociación de protección divina, la madre siempre al lado de su hijo.