Viajar en un tour al Manu es un lujo y una aventura. Dios y los amigos lo hicieron posible. El periplo se hizo en febrero del año 2012 .Tal vez nunca lo hubiera hecho ,solo se concretó por la invitación de mis amigos alemanes de la iniciativa " Amigos de Perú en Alemania", cuya labor de apoyo social en nuestro país es de larga data. El grupo procedente de Dusseldorf estaba integrado por Joachim y su esposa Ula , Rita y Uli. Para el viaje al Manu, se contrató una empresa turística que brindaba el servicio con un vehículo moderno acondicionado, ,además contaba con una guía, el chófer y un cocinero.Todos estábamos cómodos y había espacio suficiente para guardar todas las vituallas.
Partimos del Cusco a la 5 am. La ciudad despertaba lentamente y nosotros con el ánimo al tope iniciamos el viaje Marchamos por la carretera adornada por verdes campos y gentes que a nuestro paso nos saludaban levantando la mano. Pasamos por Sayra lugar típico por sus chicharrones de cerdo.Nos detuvimos en Oropesa,en la provincia de Quispicanchis ,a 20 kms del Cusco y a más de 3000 metrosde altitud, alumbraba el sol pero el frío llegaba a 13° ,el pueblo al borde de la carretera es conocido por la elaboración de panes, ahí los vendedores en sus grandes canastas nos ofrecían las famosas chutas que compramos y comimos con deleite. Reiniciamos el viaje y el frío comenzaba a calar ,ya en el interior del vehículo comenzamos a usar ropas más gruesas.Viajabamos en paralelo al tren que va a Puno adentrándonos en las quebradas andinas.Nos detuvimos en Huancarani, aún en el Cusco, el frío arreciaba y era necesario una bebida caliente, en un kiosco al borde del camino nos sirvieron buen cafe y pan con queso paria del lugar.Estábamos a 3800 metros de altitud y soportabamos los 10° de temperatura. No era para quedarse demasiado tiempo en la mesa rustica del puesto de venta ,en la Custer estábamos más abrigados ,por lo que terminado el frugal desayuno ,partimos.Al poco rato, tomamos la ruta de Paurcartambo, provincia oriental del Cusco, al lado corría el río Vilcanota.El camino ascendía en zig zag y el aire se enrarecia cada vez más. Menos mal antes del viaje,los alemanes habían tomado las medidas necesarias para evitar el soroche. Yo antes de partir bebi muña una infusión para el mal de altura.Ya en la cima de este flanco montañoso nos detuvimos para apreciar las ruinas de Ninahuarca: chullpas y observatorio militar Inca usados en la guerra contra los collas y los lupacas.La altitud bordeaba los 4000 metros y la temperatura era inferior a 10°.
Ahi comenzó el descenso,la pista afirmada y serpenteada discurría rodeada por un ralo bosque escondido en las nómades neblinas, era una bajada peligrosa con precipicios pronunciados que terminaban en agrestes barrancos ,en cuyo fondo corría el río Vilcanota.Sin embargo la temperatura se hacia más tibia y a medida que avanzábamos iba apareciendo una floresta diferente.Los eucaliptos,los cipreses,las lupunas y una enmarañada vegetación aparecían en los costados del camino.El conductor del vehículo manejaba con tiento y nosotros respirabamos sin dificultad, todo iba bien.
Cada cierto tramo el camino era cruzado por un arroyo cristalino que descendiendo buscaba un cauce mayor; otras veces nuestro recorrido era frustrado por el fango acumulado en ese remedo de carretera, En varias oportunidades tuvimos de actuar como improvisados ingenieros de caminos para sortear los lodazales.Yo lo que más temía era un huaico que no era raro en aquellos parajes,menos mal la naturaleza fue benigna con nuestra aventura.
En el camino , en uno de esos altos obligatorios cuando nos llamaba el hambre,almorzamos el menú preparado por nuestro cocinero : comidas frías de carnes desgrasadas y verduras, frutas y agua.mineral colmaron nuestro apetito.El sol alumbraba en su plenitud,todos felices.
Ya en el flanco oriental,en el llamado bosque húmedo tropical o selva baja (omagua) los caminos eran más seguros y el paisaje era totalmente diferente,se observaban rústicas casas ,campesinos laborando en las tierras y uno que otro ganado pastando. Pasamos por algunos pueblos entre ellos Pillcopata, Patria y Konishpampa, donde nos detuvimos para estirar las piernas y departir con la hospitalidad de los lugareños. En uno de esos lugares descubrí un pasto azul que me llamó la atención ,al acercarme cientos de gigantescas mariposas azules levantaron vuelo,increíble sorpresa que me mostró la sabia naturaleza.
Proseguimos nuestro viaje y casi al llegar la noche llegamos a nuestro primer albergue en un lugar llamado Chontachaca, a la otra orilla del río Vilcanota , para lo cual teníamos que usar una oroya personal ,experiencia atemorizante no solo para los amigos alemanes , al cruzar , el río retumbaba a nuestros pies.Ya en el albergue con luz de linternas y velas,nos instalamos en los rústicos cuartos donde dejamos nuestras cosas .Los hombres tenían un ambiente y las mujeres otro. Al rato fuimos al comedor y bebimos café y algunas galletas, todo invitación del albergue regentado por una empresa turística cusqueña. Durante el refrigerio nos atacaron
insaciables mosquitos que lastimaron nuestra piel. Ya en nuestros cuartos el cansancio nos venció y pese a la dura cama y el tronar del río, nuestro sueño fue profundo y placentero, contribuyeron al reparador descanso nuestros repelentes y que cada cama tuviera un mosquitero .
Al llegar la mañana, después del desayuno, luego de regresar por la misma oroya, subimos a nuestra custer y tomamos el estrecho camino rodeado de floresta y comunidades nativas rumbo a nuestra nueva meta : la ciudad de Atalaya , puerto estratégico,a orillas de la margen izquierda del río Tambo en unión con el río Urubamba que a su vez forman el río Ucayali.
En el camino a Atalaya, disfrutamos de encantadores paisajes,gente amable y abrumador calor que marcaba más de 30°, el almuerzo fue muy frugal y tomamos sodas que vendían en algunos improvisados kioskos en el camino.
Llegamos a Atalaya a las 3 pm.,y casi de inmediato surcando el río Madre de Dios en lancha a motor , nos dirigimos a nuestro nuevo albergue llamado Amaru Mayo ( Río Serpiente), el hospedaje estaba instalado en un alto roquerio del Rio Madre de Dios, un lugar espléndido para pernoctar sin ningun contratiempo. Aquella noche llovió incesantemente y ni el ruido de las aguas del río interrumpieron nuestro plácido sueño.Llegada la mañana un trinar incesante de pájaros nos levanto de la cama,fue la madre naturaleza que nos dio la bienvenida de este modo; desde el balcón de nuestro aposento pudimos observar el caudaloso río, la flora y los cientos de aves que revoloteaban como parte de esa bella selva peruana protegida llamada Reserva Nacional del MANU. Despues de tomar desayuno alquilamos un servicio turístico que nos llevó en lancha rio abajo a una zona donde había senderos de aventura, acoderados en una orilla bajamos guiados por un guía nativo. Vestiamos botas y ropas impermeables recorrimos caminos haciendo trocha, vimos a lo lejos aves protegidas, mamíferos salvajes, mariposas multicolores y diversidad de plantas, todo un portento natural que colmó nuestras espectativas. La experiencia nos ocupó todo el día y el cansancio nos obligó a acostarnos temprano.
Joaquín nos levanto de madrugada porque iríamos en lancha a un lugar especial donde veríamos la madrugada y la llegada de los azules guacamayos a los acantilados de la ribera del río donde engullen las mineralizadas tierras que aceleran su proceso digestivo, ya en lugar y desde unos cien metros ,muy sigilosamente ,pudimos ver el espectáculo maravilloso de cientos de aves que cumplían con su cotidiana tarea. Es algo que es difícil de espectar porque estás aves huyen de la presencia depredadora del hombre. Nunca vi nada igual ,fue una experiencia inolvidable.Todos satisfechos regresamos al hospedaje, Ese mediodía regresamos a Atalaya y emprendimos nuestro viaje al Cusco rebosantes de mágicas experiencias y con muchas historias para contar.