martes, 16 de septiembre de 2025

CUENTO/AMBULANTES.

AMBULANTES 
Transcurría la década de los 80, el Estado había autorizado el funcionamiento de la Zona Comercial Franca en Tacna, con exoneración de impuestos a los productos importados que pasaban por la aduana limítrofe con Chile. Tacna era el paraíso para los comerciantes que acudían para adquirir dichos productos que por lo novedosos y precios modicos eran muy apreciados. El negocio era bueno para los fabricantes, importadores comerciantes mayoristas y minoristas, así como para toda la cadena colateral de negocios no sólo de Tacna sino también de Arica en Chile. Se comercializaba ropa, licores, cigarrillos, aparatos electrónicos, cosméticos, golosinas, perfumes y toda clase de productos.
Amparo y Carlos, viajaban a Tacna  cada quince días para comprar mercadería y luego venderla en el mercado ambulatorio nocturno de la Av. Larco en Miraflores, Lima. El negocio callejero funcionaba los días sábados y domingos, siempre después de las 10 pm. cuando las lujosas tiendas habían cerrado y no habia vigilancia municipal. A esa hora extendían sus plásticos sobre los cuales colocaban su tentadora mercaderia, la gente que conocía el furtivo mercado acudía en pos de las ofertas que ofrecían los  comerciantes en la importante arteria miraflorina. La verdad es que el esfuerzo de Carlos y Amparo era compensado con las pingues ganancias además de las experiencias de viaje. 
El último periplo del año se hacía en vísperas de Navidad, era la oportunidad de grandes negocios, aquella vez Tacna rebosaba por el comercio y mucha gente tramitaba su  visa para Ir a Arica que también era parte de la cadena comercial. La pareja  llegó a la frontera y ahi compraron productos muy atractivos para el mercado limeño, esta vez  también adquirieron ropa y juguetes para sus cinco hijos.
Los buses que realizaban el viaje de regreso a Lima estaban abarrotados y muchas veces la carga por pasajero excedía los límites permitidos por lo que en los controles de Camiara y Pucusana los comerciantes dejaban un "cupo voluntario" para agilizar dicho trámite.
Ese fin de semana, la venta en Miraflores fue de maravilla, todo se vendió, las ganancias permitirían a la fámilia pasar una estupenda Navidad. Llegó la Nochebuena, a las 12 se descubrió al Niño Dios y se rezó por su nacimiento, no faltaron los abrazos y los cánticos de villancicos que los niños habían ensayado tanto. Se tomó chocolate y se comió el tradicional Panetón. Como nunca en la mesa había un pavo horneado relleno que todos mirában embobados, pero cuando lo tuvieron en el plato no tuvieron piedad de él.
Concluida la cena llegó el  esperado momento del reparto de regalos que estaban al pie del arbolito navideño y el sagrado nacimiento. Amparo fue la encargada de entregar los obsequíos, los niños sentados en el piso no podían ocultar su emoción, pues ignoraban que regalo recibirían, era una sorpresa que sus padres habían guardado con celo.
Anabel y Araceli recibieron unas hermosas casacas reversibles que Iluminaron su rostro, Adolfo y Alexis
lucieron unos modernos jeans con unos coloridos polos y Anali la más pequeña era la mas contenta porque su regalo era una muñeca de moda  que gateaba. Esa Nochebuena fue la más feliz de la familia, todos salieron y buscaron que abrazarse con la vecindad que también asomaba a la calle, todos deseaban escuchar las sirenas que anunciaban la buena nueva y observar en el cielo oscuro los fuegos artificiales que eran una tradición limeña. Los niños ya lucian sus trajes nuevos y sus sonrisas daban brillo a la hermosa Navidad. De pronto notaron que Anali la hija menor de la familia no estaba, con la alegría del momento no se dieron cuenta de su ausencia, no estaba en casa, solo la mesa ataviada con un largo largo mantel amarillo y sobre ella los restos de la opipara cena eran parte de la celebración ahora bruscamente interrumpida. Toda la familia y tambien los vecinos buscaron avidamente a la niña, la búsqueda fue infructuosa, nadie había visto a la pequeña. Los minutos pasaban y la desesperación se apoderó no solo de la familia, el barrio estaba convulso y se pensaba lo peor. Se buscó casa por casa y al final se tuvo que ir a la Comisaría a sentar la denuncia, nadie dormía y se truncó la celebración cristiana. Los vecinos hablaban de raptos de niñas, de desapariciones misteriosas, de seres extraterrestres,  aunque los más optimistas comentaban de que era una niña traviesa de cinco años y que en la algarabía de la medianoche se había extraviado y que algún buen samaritano la traería. Todos esperaban un milagro. La noche transcurrió con angustia y zozobra para la familia y amigos.
De pronto, los niños que afligidos y cansados buscaban las sillas del comedor para dar descanso a su frágil cuerpo, escucharon un leve quejido debajo de la mesa, todos de súbito levantaron el largo mantel que cubría el mueble y se sorprendieron con la presencia de Anali , la pequeña extraviada que estaba durmiendo en la banca abrazando su muñeca esbozando la más feliz de las sonrisas.

TULIPAN, / Diciembre, 26, 2020.