CREPÚSCULO EN SAN ANTONIO. Amigo, dónde doblas tus tardes , tal vez en el florido huerto, en medio de los pajonales, donde siempre quisiste atardecer, estarás tratando de descubrir la vida verde de ese edén, verás los girasoles que siguen obedientes al Padre Sol que castiga en su hora final, escucharás las avecillas del crepúsculo y estirarás los brazos preciando dicha libertad. Entretanto, aquí estoy presente, no muy lejos, donde una fiera tallada en roca pierde su mirada frente a la mar serena como si quisiera abrir su azul inmensidad. En esos momentos el aire austral sopla y la arena fina azota el rostro anunciando un final. La gente que alegre chapoteaba en las aguas, vuelve a la orilla, cierran sus sombrillas y se comienzan a retirar, otra vez la playa impotente regresa a su soledad, solo apurados chorlitos corretean traviesos buscando entre la arena algo que devoran con avidez. Tú, amigo, sigue pañando con paciencia las dulces ciruelas del frondoso arbol teñido de rojo, llenarás tu cesta y disfrutarás de su exquisito sabor.
Mañana será otro día, temprano el sol implacable y los gorriónes en coro te despertarán y aunque anunciarán vida, tendrás que cuidar de soslayo la saña de algún depredador, son tantos y dispuestos a matar, tú vive feliz, la naturaleza es tu habitat, quizás sea un día corto o tal vez largo, de eso, solo lo sabe Dios.