En la década de los 80, "entre gallos y medianoche", casi sin darnos cuenta, en la cuadra 6 del Jr. Raimondi, de nuestro barrio victoriano, se inauguró un bar nocturno muy discreto de nombre "La Pequeñita" donde los adultos podían escuchar musica, bailar y beber licor, todo sin excesos; el local con su colorida y tenue iluminación creaba un ambiente mágico y misterioso, propicio para la plática y la diversión; en el bar había compañía femenina que estimulaba el brindis y la inquietud carnal, sin embargo, "La Pequeñita" no era un prostíbulo, tal vez un trampolín para cosas mayores. La mayoría de asiduos concurrentes eran ajenos al barrio a quienes no les importaba los ojos curiosos de la vecindad. El local cerrabá al amanecer y los parroquianos se retiraban , tal como habían llegado, aunque era probable que en esa madrugada ocurriria un encuentro pecaminoso acordado con alguna damisela en aquella noche de copas. "La Pequeñita", remedo de cabaret, tuvo su época de apogeo, no obstante, en los años del 90 cerró sus puertas, sin pena ni gloria, así, se apagaron los deseos de muchos amigos del barrio que no pudieron disfrutar de las clandestinas atenciones de este lugar, aunque esta afirmación no es necesariamente absoluta.