Vivíamos en un barrio popular donde la pobreza acechaba todo el tiempo, mi padre era obrero y mi madre costurera, eramos cinco hermanos, todos destetados a pecho sin ninguna formula, ni purés enriquecidos; no había ropa con marcas, ni refinados gustos. En la mesa todos por igual compartiamos lo que Dios ofrecía, No me imagino como en casa alcanzaba la plata. pero nunca nos faltó nada, sobre todo el amor que es un lujo en cualquier tiempo. Eran los años 60, no había TV. Nos acostabamos a las nueve. Los sábados y domingos íbamos al parque de Los Patos y al Campo de Marte a disfrutar del aire y de la verde arboleda. Asistiamos al Colegio Estatal, mañana y Tarde, vestiamos el uniforme caqui y las mujeres la falda azul con blusa blanca. En la Secundaria conocimos los tranvias. Saludabamos a los mayores. Fue una vida feliz con Carnavales, Fiestas Patrias, Navidades y Años Nuevos donde conocí a grandes amigos, todos con parecida historia y criados con la honestidad y respeto de familias que tomaron diferentes caminos y cuyos hijos nunca olvidaron la amistad que sembraron y que ahora pervive. Como añoro esos tiempos.