domingo, 25 de octubre de 2020

LA TORMENTA / CUENTO.

LA TORMENTA.

Las fuertes olas remecían los soportes del viejo muelle,el mar picado avisaba que el día no era apropiado para la salida de los pescadores en el  Puerto Mora. No obstante, en aquella madrugada de negro presagio, Luis desafiaba al tiempo, se aprestaba a  salir en su trajinado bote; necesitaba buscar a su padre, el curtido Braulio,  quien hacía dos dias salió al alba  y no regresó. Los viejos pescadores desaprobaban el hecho de salir a pescar en domingo 7  y  peor sin compañía , pero Braulio no era supersticioso y no hizo caso, él era un empedernido  pescador solitario y decía que no temía a  la furia marina.
Luis  temía por la suerte de su padre, sus hermanos menores, huérfanos de madre, preguntaban ante su ausencia y era necesario darles  respuestas. Antes del alba, Luis subió a su vieja chalupa para luego deslizarse por las aguas y perderse en la casi impenetrable bruma.Ya era de día cuando de pronto el monótono traqueteo del motor de la lancha se detuvo ,era raro ya que había tomado las precauciones necesarias para un normal viaje.. El joven pescador  intentó reiteradamente encender la máquina, pero todo esfuerzo fue inutil, buscó en el compartimiento los remos  y no los halló,estaba seguro de haberlos dejado ahí, parecía que alguien conspiraba contra él. Ahora Luis y su bote estaban a merced del fuerte oleaje que al pasar el tiempo se tornaba más furioso. Las maderas de la  vieja embarcación crujían y no resistirían tanto castigo.De pronto dos gigantescas olas elevaron a la debilitada nave hasta sus crestas y en un instante la voltearon.Luis cayó en las heladas aguas y cogiéndose de una parte de la destrozada quilla logró mantenerse a flote. La tormenta arreciaba y sólo su fortaleza y la idea de volver a ver a sus pequeños hermanos  hicieron que soportara la inclemencia de su negra fortuna.Luis flotaba abrazando los restos de su nave en medio del inclemente mar.
Llegado el mediodía,el mar calmó su oleaje, y Luis supo que sus enemigos eran el sol,su sed y su creciente debilidad. El Sol en su cenit  cortaba su mirada,su garganta se secaba amargamente y   sus fuerzas poco a poco lo abandonaban. Luis tenía la esperanza  de que pescadores de  la pequeña caleta salieran en busca de Braulio y le dieran el encuentro,pero nadie llegó, la tarde  transcurrió cansina y amenazante por el desaliento de Luis,cuando el sol comenzó a hundirse en el horizonte,casi dormitando Luis escuchó un sordo susurro que se acercaba,le  pareció  sentir una mano amiga que lo socorría, y casi sin fuerzas se desvaneció.
Luis despertó en la playa,era el nuevo día,extenuado sobre  la arena no podía explicar como había llegado a ese lugar, en su confusión divagaba, fueron las olas que fraternas lo vararon ahí, tal vez llegó a las playas abrazando  las viejas maderas del bote .Luis nunca encontró a Braulio y siempre pensó que fue su padre quien lo salvó y que vino desde las profundidades del mar para acariciarlo y darle el último adiós.
 TULIPAN/ ENERO /2010.