Mucho de lo que aquí escribo se está olvi- dando, tal vez porque la gente no plasma sus memorias, no ama la historia y raíces de su barrio o quizás porque ya no disfruta de esta vida.
En la década de 1920, Lima creció acelera- damente, la vida nocturna todavía disper-
sa en la urbe, se descontrola y asoma el libertinaje por la presencia de cabarets,sa- las y clubes de espectáculos, meretricio ambulante, así como casas clandestinas de citas, por lo que la Municipalidad de Lima urgida por el clamor vecinal decide ubicar los negocios de placer y diversion de la ciudad a una zona discreta y de me- nos tránsito poblacional, el sitio escogido fue el Jr. 20 de setiembre, ubicado en el naciente distrito de La Victoria, nombre que sería cambiado por el de Jr Huatica, ante el reclamo de la colonia italiana que ese día celebraba la fiesta de su reunifi- cación política como país ; así nace el pri- mer barrio rosa en nuestra capital que ten- dría vigencia metropolitana durante más de 30 años. Para ubicar el relato en el es- pacio /tiempo debo referirme a mis prime- ros años de vida que son testigos de este complicado proceso social urbano.
Nací y viví en el popular distrito de La Vic- toria, mi casa estaba ubicada en la cuarta cuadra del Jr. Raimondi, en el barrio vivia gente criolla, obreros, artesanos y comer- ciantes, todos de honesto vivir en ese dis- trito emergente que crecía día a día. Re- cuerdo que a pocos metros donde vivía funcionaba el Cine Splendid ,sala muy concurrida por amantes de las películas mexicanas y las llamadas "Western", tam- bien en dicho cine, convertido en teatro habían espectáculos de "strep tease" para felicidad del público masculino que busca- ba alimentar su espíritu libinidoso. El cine cambio de nombre por el de Atlantic y co- mo los dueños eran japoneses cambio su cartelera exhibiéndose obras de accion y también películas para la colonia nipón.
A una cuadra de la casa donde vivía esta- ba la calle Huatica ya convertido en el lu- panar de la Lima de aquel entonces, la ci- tada vía nacía en la Av. Grau y como arte- ria del vicio se extendía por siete cuadras hasta el Jr. Sebastián Barranca, Huatica tenía ese nombre en alusión al canal de regadío que alguna vez cruzó esa calle, arroyo que nacía en el río Rímac y vertia sus aguas en Magdalena Vieja a las altura del Puericultorio Pérez Aranibar, Huatica fue el Barrio Rojo pintoresco de nuestra capital, donde el comercio de carne tuvo años de gloria, .Las mujeres más jóvenes y hermosas exhibían sus dotes a través de sus ventanas que servían de escaparates y no pocos caían en sus enamoramientos fingidos, muchas de estas féminas eran extranjeras y los clientes las buscaban avidamente haciendo largas colas para gozar de sus experimentados y disfraza- dos servicios. Ellas eran las más caras, cobraban hasta 50 soles por cliente y co- mo todas publicaban en carteles el tipo de prestaciones con sus respectivas tarifas. El negocio de la prostitución funcionaba entre las 7 pm y la 1 am., las meretrices tenían control sanitario y usaban toda cla- se de medidas para evitar la proliferación de males infectó contagiosos. Por aquel entonces no había condones por lo que la cortesana, previo al servicio, tenía que ha- cer una prolija revisión al usuario quien después de quince minutos y satisfacer su demanda carnal escapaba del cuarto en medio de fragancias baratas y ese incón- fundible olor a ron de quemar, El Municipio no protegía el funcionamiento de los pros- tibulos pero como mal social necesario no lo prohibía. El barrio era visitado a diario por muchos parroquianos que no sólo iban a disfrutar de los placeres mundanos, sino también a tomarse unos tragos y es- cuchar música cortavenas en las rockolas en los bares que ahi funcionaban. Como el negocio de la trata de blancas siempre trae consigo males colaterales, con ella también proliferaron la delincuencia, pro- xenetismo, consumo de drogas y violen- cia, que la policia trataba de controlar. Con los años la capital siguió creciendo y el funcionamiento de las casas de tolerancia quedaron ubicadas en plena zona de ex- pansión urbana, ello fue motivo para que los vecinos, ajenos al próspero negocio, expresen sus justas quejas y en el año 1956 el Presidente Manuel Prado ordenó el desalojo del Barrio Rojo del Jr. Huatica obligando a los dueños de los prostíbulos y bares a trasladarse al final de la Av. Mé- xico también en el distrito de La Victoria, donde el meretricio capitalino siguió desa- rrollándose como inevitable mal social. El Municipio de La Victoria cambió el nom- bre de Huatica por el de Jr. Renovación con el ánimo de borrar de la memoria co- lectiva el mal recuerdo de esta arteria ur- bana considerada como estigma social.
TULIPAN/Julio 10 / 2020.