jueves, 21 de agosto de 2025

CUENTO/ MUERTE TRÁGICA

MUERTE TRÁGICA.                  En este caluroso estio los noctámbulos zancudos cometen sus fechorías aún de día, no te percatas de su presencia hasta que perforan tu blanda piel, son hembras adultas agresivas, insaciables que perturban el plácido descanso. Yo detesto estos alados bichos porque sus picaduras son ponzoñosas, causan dolor y un escozor insoportable, por cierto si te rascas se enroncha y puede causar una infección peligrosa. Mi adversion se ha convertido en fobia, por ello siempre estoy alerta para poner fin a la presencia de estos molestosos bichejos. Sin embargo, a veces te gana el sueño y quedas expuesto a la insania de estos hematófagos solitarios. Aquella tarde se acercaba el crepúsculo y con la ventana abierta se sentía una fresca y agradable brisa que invitaba al sueño y también era licencia para la visita de  estos casi invisibles y zumbantes depredadores. Me hallaba tumbado y aletargado en el sillón de la salita de la casa huerta, era el reposo obligado, despues de la suculenta mesa, coqueteaba con la lectura de rigor, ahí en esa dulce  somnolencia sentí una punzante estocada en mi rolliza cintura, casi inmóvil abrí los ojos y vi de soslayo como el vil chupasangre, luego de alimentarse opiparamente, reptaba lentamente en la blanca pared de la estancia, parecía que buscaba un refugio luego de haber saciado su inclemente hambre, estaba tan gordo que parecía que iba a estallar, el insecto apenas podía moverse. Su ataque me motivó, me agazapé y rampando como pude tomé de la mesa  el aerosol mata zancudos y me dije : la venganza es plato frio; sigilosamente, como ladrón en acecho, rocié el mortal veneno sobre el insecto volador, el animal sorprendido cayó de bruces al piso aleteando y estirando la patas en su último estertor. Feliz por la tárea cumplida, escrupulosamente  tomé entre mis dedos al yerto  rey de las picaduras, estaba ahí, exánime, y con cierto sadismo  lo aplasté para ver la roja sangre que momentos antes me había succionando. Como sí fuera un  guerrero después de la batalla me recosté en el cómodo sillón para continúar con la solaz siesta vespertina... ya casi  dormido sentí otra vez en el aire el zumbido de otro voraz zancudo que amenazaba con su aguijón en ristre mi expuesta e incitante barriga. 

TULIPÁN, Dic, 2021.