LA FAMILIA PLAYERA Una costumbre de las familias durante el verano era el paseo a la playa, día grato, donde se compartía el sol, los chapuzones, los refrigerios y la alegría de estar juntos. En aquel entonces no había Costa Verde, las playas eran Aguadulce, La Herradura en Chorrillos o Cantolao en el Callao; tal vez Barranquito en la Bájada del Puente de los Suspiros; la distancia no era dificultad, subíamos al tranvia y punto; si había movilidad ibamos a los balnearios del sur (Punta Negra, Punta Hermosa, San Bartolo, Pucusana o Naplo) o al norte de la capital (Ancón). Ya en la playa se alquilaba una carpa con perezosa qué nos servia de alojamiento familiar. Con la ropa de baño puesta, corríamos y de cabeza cortabamos las olas del mar, erá el clímax esperado que aplacaba el sofocante calor, En la playa no habia mucha gente por lo que nadar, zambullirse, cortar o seguir olas era una fácil diversión. Algunos alquilabán cámaras de llantas que flotando nos llevabán lejos de la orilla, siempre bajo la mirada atenta del Papá. El medio día era momento del "bitute", la mamá servía el tallarin o la papa a la huancaina, seguido de la chicha morada que aplacaban el voraz apetito. Luego de un soleado relax, regresabámos a gozar de las tentaciones del mar. Algunos jugaban con la pelota, otros edificaban con arena mojada castillos o imaginarias esculturas y los pequeños sacaban "muy muy" en las orilla. El papá dormía sobre la perezosa y la mamá vigilaba si todo estaba bien. Nosotros, los jovenes disfrutabamos a plenitud. A la puesta del sol, muy agotados después de enjuagarnos en los chorros de agua dulce volviámos a casa, los paraderos de los tranvias estaban colmados de gente, pero era lá única opcion, en el camino se compraba pescado fresco, tal vez lornas o pejerreyes, los cuales en casa una vez fritos, eran deleite general. Recordar es vivir.