Katita ,mi nieta primogénita , nos compró entradas para espectar la inauguración de los Juegos PARAOLIMPICOS ,Lima 2019, el asunto era algo complicado, porque yo con bastón y la abuela Amparo en silla de ruedas tendríamos gran dificultad para asistir al evento.La verdad es que ganas no nos faltaban y viendo el entusiasmo de mi nieta y de mi hijo Adolfo que nos servirían de Lazarillos, decidimos realizar el esfuerzo. Fuimos en taxi ,pero este no pudo dejarnos cerca al Estadio Nacional pues lo habían cercado perimetralmente. tuvimos que recorrer un tramo de unas diez cuadras hasta la tribuna norte adónde correspondían las entradas, se imaginarán lo agitados que estábamos,yo rengueando
Amparo con
la tribulación del stress y los muchachos cansados por el arrastre de la silla de ruedas.Al llegar a la tribuna norte tuvimos otra pesadilla, no había ascensor para llegar a nuestra ubicación, menos mal un grupo de jóvenes voluntarios del evento cargaron la silla con la abuela encima, fue muy dificultoso porque tuvieron que escalar muchos peldaños para llegar a nuestros asientos
que no eran sillas de palco, sino unas frías aceras de cemento,entretanto yo tenía el martirio de ascender mil peldaños lo que me dejó sudoroso y adolorido. El espectáculo fue maravilloso,valió la pena el esfuerzo.Con frío y comiendo canchita aplaudimos a rabiar. Sin duda ,cavilabamos de como los atletas minusválidos hacían mil esfuerzos para competir por el país y por ello nosotros no deberíamos arrepentirnos de la Odisea.El regreso también fue mágico , utilizando la misma ayuda y ruta salimos del estadio.Un mar de gente marchaba buscando salida.Menos mal un taxista condolido se detuvo y nos llevó a casa, llegando en el restaurante de la esquina nos animamos a comer un pollito a la brasa porque se había despertado el hambre, ya en casa, exhaustos fuimos de frente a la cama.