LA FERIA DE LOS DESEOS/CUENTO.
Kathya y Anali llegaron presurosas al Campo de Marte,ellas querían visitar La Feria de los Deseos, emporio de la superchería limeña y del engaño consentido. Ahí, escondidos en medio del parque, entre famélicos arboles ,retorcidas rejas y vetustas estatuas de bronce estaban los pintorescos toldos donde hombres y mujeres de evidente etnia andina leían la suerte a todos aquéllos que creían en estas oscuras artes,era gente experta en cuestiones de amor,cura del susto y el mal de ojo,ellos para augurar el mañana utilizaban talismanes,cartas del tarot y hasta pociones mágicas, estos chamanes folklóricos con quirquinchos o cuyes negros ,según la tertulia creyente, arrancaban los males del cuerpo y del alma. Ahí estaban Kathya y Anali empujadas por su euforia femenina y juvenil curiosidad, ellas más que amarres y encantamientos querían conocer su destino.No bien llegaron al mercado esotérico se les acercó una mujer regordeta,con pollera multicolor y tez curtida por el sol, ofreciéndoles sus mágicos servicios. Las jóvenes pronto fueron persuadidos por la hábil pitonisa quien las condujo a una larga fila donde otras clientes esperaban turno para ser atendidas. Ya sentadas cada persona recibía un cuy negro envuelto en un viejo calcetín de nylon recibiendo instrucciones para que el animalito sea pasado por el cuerpo, también les era entregado un ramo de girasoles y ruda como parte del ritual agorero.Kathya y Anali en medio de su excitación observaron que cada cierto tiempo era atendido un cliente quien salía de la carpa mostrando un rostro feliz y otras veces con gesto compungido.Nuestras amigas eran devoradas por la ansiedad, soñaban por conocer su porvenir.La tensión aumentaba por la espera,así transcurrió más de una hora. La atención era lenta. Entretanto,los cuyes se agitaban entre sus manos,ellas sabían que los gazapos luego de ser frotados por sus cuerpos iban a ser abiertos por el vientre para observar su interior y dar el esperado pronóstico.El fatal desenlace litúrgico de los animalitos las entristecía.De pronto, las adivinadoras dieron la orden de que los cuyes deberían colocarse en el regazo de cada cliente. Kathya y Anali,en el clímax de la turbación,así lo hicieron, sintiendo el temor,la tibieza y la sospechosa humedad de los críos.Un sentimiento de culpa se apoderó de ellas. La espera se dilataba,paso otra hora y poco a poco el tedio y la compasión complotaron para hacerlas desistir de la idea del vaticinio de la suerte , ahora solo tenian el ánimo de salvar a los cuyes de su inminente muerte ,así,buscaron la oportunidad para escaparse de la situación crítica.En aquel crucial momento se dieron cuenta que ir a los servicios higiénicos era el camino para la fuga Efectivamente, sin despertar sospechas y simulando ir al baño ,que estaba al extremo de las carpas,se escurrieron entre la gente que visitaba la feria. Kathya y Anali con temor y nerviosas risas huyeron por el gran parque con los cuyes que ya se habían orinado en sus pechos. Al llegar a la avenida apuradas y casi cayéndose subieron a un taxi donde respiraron aliviadas de su fortuna. Los falsos agoreros tardaron en darse cuenta del escape de las piadosas y pícaras clientes. Los cuyes fueron salvados y los adivinos no adivinaron su propia suerte. Ya en casa los cuyes no sobrevivieron mucho tiempo, misteriosamente,a los pocos días murieron pese a los prolijos cuidados. Kathya y Anali nunca sabrán si los animalitos estiraron la pata por el maltrato o por las negras vibraciones de sus ansiosos humanos cuerpos.Para concluir con este relato les contaré que a las pocas semanas la Municipalidad clausuró la Feria de los Deseos.