jueves, 26 de noviembre de 2020

ARTÍCULO/ HUELGA.

HUELGA.
Aquella fría mañana del mes de mayo del año 1992, durante el gobierno del Presidente Alberto Fujimori, los profesores del CN República de Colombia, ZE.02, de la zona urbana de Tahuantinsuyo, distrito de Independencia, Lima, suspendimos el dictado de clases para tomar decisiones respecto al inicio de la huelga nacional docente. Las autoridades habían recibido del CEN del SUTEP el pliego de reclamos y ante la poca disposicion de las autoridades para el diálogo, las bases tenían que pronunciarse. La reunión en el colegio fue breve, yo como secretario sindical de la base expuse la situación y se acordó democraticamente ir a la huelga. Luego, en grupo fuimos al cercano CN Libertador San Martin donde se reunirían todos los profesores del sector para tomar decisiones frente a la coyuntura.
En la magna asamblea sectorial, con asistencia de representantes de doce colegios se decidió ir a la Huelga Nacional Indefinida para el efecto, se debía elegir al Comité de Lucha. Se había Invitado al CEN que en aquel entonces tenía como Secre-tario General al profesor cajamarqui- no Pedro Castillo Terrones, los diri- gentes de la central sindical arenga- rón a los profesores sobre la causa justa del magisterio , procediendo luego a la elección de los miembros de dicho Comité  que se hizo a mano alzada. Se hicieron propuestas y para mi sorpresa mis compañeros de colegio y amigos me habían propues- propuesto como candidato. Subimos al estrado y tuvimos que presentar- nos y hacer una breve exposición de motivos sobre la dignificación de nuestra profesión. Mis palabras de- bieron impactar a los 500 reunidos, porque fui elegido por la gran mayo- ría como Secretario de Lucha, siendo form parte del resto del Comité otras cinco docentes mujeres de difieren- tes instituciones educativas. 
No transcurrió mucho tiempo para que el Comite tomara acción como parte de su rol durante la  huelga. Resulta que algunos colegios se resistían a incorporarse al paro labo- ral por lo que tuvimos que ir a ellos para dialogar con los colegas sobre las razones de la medida y propiciar en ellos la toma de conciencia  e ingresen a la lucha.Esa era una de las labores del Comité. El trabajo era coordinado democráticamente con los otros colegios.Como Secretario de Lucha del sector asistía a diario al local central del SUTEP en el Jr. Camaná en Lima o a la loseta deportiva del Colegio República de Paraguay ,donde rendía informes al Comité de Lima sobre las acciones realizadas y llevaba al sector órde- nes para ejecutar las tareas metro- politanas del día siguiente.Muy tem- prano me reunía con los Secretarios de los colegios e informaba sobre los logros del diálogo del CEN  con el MED y luego se asignaban tareas para el sector y para la zona central de la capital. Otra de las tareas era organizar el hospedaje y las ollas co- mún para la atención de las delega- ciones docentes llegadas de provin- cias. El Comité tenia que estar alerta porque en forma casi invisible algu- nos docentes radicales fomentaban acciones de lucha de extrema agre sividad contra el Estado, la policía y la propiedad pública y asi ganar adeptos a su ideología de caos.La huelga pese a ser una medida sindi- dical también tenía una connotación política, en ese sentido, se sabía que el SUTEP, era un sindicato de fuerza nacional  dominado por el  grupo político Patria Roja, que tenía un ideario de izquierda moderada que no permitía un liderazgo compartido. Otros partidos politicos no tenían presencia sindical en el magisterio ni el gobierno los reconocía como fuer- za mayoritaria, en todo caso, sus simpatizantes estaban agazapados esperando un error del CEN del SUTEP en la conducción de la Huelga para tratar de asumir el liderazgo. Una de las tareas diarias en el sector de  Tahuantinsuyo era visitar los colegios vacilantes en la continuación de la huelga, y es que después de 3 meses de paro y negociación con las autoridades no había asomo de solucion.Las visitas eran matinales ,los profesores en significativos y ordenados grupos llevaban pancartas coreando consig- nas icónicas de lucha , en el camino jóvenes y adultos nos alentaban ha- ciendo eco a nuestros lemas. Pero a veces había violencia por acción de los infiltrados y la vehemencia, casi siempre los más perjudicados eran los vehículos que circulaban en las arterias principales también los es- caparates de los negocios, en ese sentido la presencía policial era par- te del diario del trajín de la huelga. 
En cierta oportunidad en plena mar- cha en la zona de Payet apareció súbitamente un camión policial, esos que conocemos con el nombre de caimán, talvez por su tamaño y color verde. Efectivamente, por la calle aún sin asfaltar, casi dando saltos se acercó el vehículo represivo y al de- tenerse bajó un numeroso contin- gente policíal que se puso  en posición de ataque, todo fue rápido, los profesores en desbandada huimos ,la captura significaba en el mejor de los casos 48 horas de permanencia en la prefectura y lo peor quedar anotado en los registros policiales, yo como todos corria ve- loz, de repente, escuché una voz que gritaba ! A ese! Agarren a ese, el de casaca azul, no tuve dudas, me seña- laban, traté de escapar como pude, pero para  mí mala suerte desembo- que en una calle sin salida, todo es- taba perdido, un guardia con cara malo me dijo ! Concha tu madre ! ! Te paras o te meto un plomo! , senti miedo .Me detuve. Lo que recibí por mi obediencia fue un fuerte varazo en mi espalda, mi cuerpo se contrajo de dolor, y ante lo inevitable no me resisti. El custodio me tomó del cuello y tratándome de subversivo me condujo al camión policial, en el camino mucha gente de Pueblo Joven Payet que  asomaba a su puerta tomó una actitud de defensa por aquello que consideraba como parte de su comunidad : el maestro. Al llegar al vehiculo me di cuenta que un remolino de hombres, mujeres y niños protestaban por el trato abusi- vo que me daban.Yo lejos de sentir- me indignado, al contrario, respiraba con orgullo por haber sido capturado en la lucha por mis derechos. Entre la multitud logré divisar un rostro conocido, la madre de uno de mis alumnos lideraba al grupo de perso- nas que rodeaba al  camión y a los policías, Los valientes guardianes del orden al sentirse presionados por el gentío y ante el temor de perder autoridad me dejaron libre para júbilo de todos .Yo regresé con mis compa- ñeros de lucha orondo por la expe- riencia y feliz por la identificación comunal por nuestra dignificacion.
Otra de las tareas de la lucha magis-terial era la preparación de las ollas comunes que más que una medida para satisfacer el hambre docente, era una publicidad de nuestra justo reclamo. La olla común la prepara- ban rotativamente los colegios del sector, la cocina se ubicaba en un lugar público de gran tránsito urbano y el grupo docente responsable se organizaba para la recolección de insumos en los mercados, así como para  la preparación y atención de los  maestros.La  medida fue un  éxito en todo sentido,pero con la dilatación de la huelga se hicieron esporádicas hasta desaparecer.
La huelga magisterial despertó la creatividad de los maestros para desarrollar actividades económicas que más que ingresos eran  propa- ganda pública de nuestra medida de lucha, así los maestros vendían golo- sinas en los omnibuses, lustraban zapatos en plazas céntricas,ofrecían postres y comidas al paso, cantaban y declamaban en lugares publicos, actividades que siempre eran acom- pañadas por arengas motivadoras.
Durante más de tres meses la huelga docente impacto en el país, con una mínima parte de amarillaje docente, sobre todo de aquellos que forma- ban parte de los indiferentes, timora- tos o defensores del régimen, todos ellos queriendo o no queriendo tra- taban boicoteaban la lucha dictando clase, pese a que los colegios estaban vigilados por la acción de piquetes de maestros luchadores. Aparecían en los diarios gobiernistas expresando su malestar contra la medida. Muchos de ellos pretexta-% ban su actitud  por los descuentos, sin embargo, los pagos se siguieron realizando a través de las planillas y cheques que se entregaban a los directores . Otro problema era la huelga blanca, es decir los profeso- res que acataban la medida en forma pasiva y no salían a las calles a mostrar su conciencia de grupo. El facilismo de siempre. En cierta ocasión un profesor extremista ayudado por profesores de su mismo tinte político y  de otro sector tomaron un colegio de Tahuantinsu- yo aduciendo presencia de profeso -res amarillos, el Comité de lucha fue a dicho colegio y  a ese pequeño grupo de profesores radicales de Puka Llacta, mascarón pro senderis- ta les propusimos un deslinde ideó- lógico que no aceptaron y se mar- charon. Sabían que en el diálogo público su pensámiento vertical de caos social iba a ser descubierto y optaron por la huida cobarde. Nunca deslindaban.
En la organización del sector había grupos designados que iban al centro de Lima y a sitios estratégi -cos para realizar movilizaciones comunes a todos los sectores  como marchas, toma de locales, acciones  relámpago súbitas ante la llegada de la represión policial, toma de aveni- das para congestionar el tránsito vehicular, conferencias a la prensa, etc. Estás actividades tenían el pro- pósito de mantener vivo el espíritu de lucha en los maestros y exponer a la opinión pública nuestro justo re- clamo .Lo que había que controlar era la presencia de radicales infiltra- dos que aprovechando la situación de lucha realizaban actos contra la propiedad pública y a la misma policía a quien atacaban. En la movilizacion SUTEPISTA siempre se propició la lucha sin excesos.Los invisibles extremistas no dudaban en dañar la imagen de la huelga atacan- do a los mismos maestros. En cierta ocasión, en una marcha, me rociaron la ropa con combustible y aprove- chando la medida extrema de quema de llantas que realizabamos en una arteria miraflorina, me prendieron fuego,  menos mal mis colegas me ayudaron a apagarlo y yo atiné a quitarme la casaca que ardía. El hecho lo denuncie en el SUTELIMA y ellos lo tomaron como una acción de boicot de los ultras.No se podía de- nunciar el hecho porque la acción de lucha que desarrollabamos era objetada por el Estado.                          Despues de más de tres meses  de huelga, el movimiento perdia fuerza y el gobierno había cedido en algunos puntos de nuestro reclamo .Por ello, el CEN creyó necesario realizar una consulta nacional a las bases para suspender la huelga.En el sector de Tahuantinsuyo se optó por proseguir con la medida, pero la respuesta nacional de los maestros fue la suspensión, muchos especulan que fue una decisión política del CEN, porque la huelga ya no daba para más y los maestros podían rebasar la autoridad sindical, situación 
conveniente para el sector docente extremista, que quería tomar el control del sindicato. Lo cierto es que regresamos a las aulas con una pobre reinvicacion docente, pero si con la frente en alto por la actitud valiente y consciente del gremio durante ese tiempo de lucha que fue la más larga de nuestra historia.
Ese año tuvimos que trabajar con nuestros alumnos hasta el mes de febrero por la recuperación de clases.

TULIPAN, marzo de 1992.