Amigos de Barrio, se acuerdan del gran parque limeño ubicado en el barrio de Santa Beatriz, llamado Parque de la Reserva en alusión a las tropas peruanas que estuvieron acantonadas en dicho lugar durante la Guerra con Chile y que participa- ron en las batallas de San Juan y Miraflores. Dicho Parque comenzó a construirse en el gobierno de Augus- to B. Leguia, quien lo inauguró en el año 1929. El parque ahora colindan- te con la Av Petit Thouars, Él Paseo de la República y el Estadio Nacional tenía forma irregular y en su parte central poseia una pileta circular ornamental cuyos pisos eran de mul- ticolores mosaicos, los mismos que lucian en todo el entorno siendo el gran atractivo que se complementa- ba con los jardines colmados de vistosas flores. Cada cierto lapso la pila lanzaba a considerable altura un chorro de agua qué entusiasmaba a los visitantes. A pocos metros, a cierta elevación, a manera de terra- plen , se había edificado un bulevar semicircular techado sostenido por gruesas columnas, el conjunto arquítectonico tenía en su parte frontal una arcada o sucesión de arcos donde destacaban talladas alegorías en homenaje a los caídos en las campañas de guerra, el complejo como todo el parque fue diseñado por el arquítecto francés Claude Sahut, contratado por el gobierno.
En un lado del parque rodeada de fosas estaba la Casita Inca con ca- racterísticas andinas diseñada por el pintor cajamarquino José Sabogal.
Recuerdo con nostalgia que en una de las casas del complejo funcionó en algún momento el Club Musical Felipe Pinglo Alva, fuente de tradición criolla. En la parte sur del Parque estaba un escultura cono- cida como el Ñiño del Ñoco, así como el monumento en homenaje a Fermin Tanguis, el científico qué desarrolló con éxito la semilla del algodon peruano qué lleva su nombre, ambas obras esculpidas por el artista nacional Ismael Pozo.
En el lado de la Av. Petit Thouars destacaba el monumento ecuestre del Mcal. Antonio José de Sucre obra del Escultor peruano David Lozano. A pocos metros se levantó La Casa del Embajador de Estados Unidos.
En aquel entonces el gran parque no estaba enrejado, su ingreso era gra- tñuito y era un lugar de recreo de los habitantes de una Lima emergente. Durante las noches el parque con débil iluminación era el paraíso de los enamorados qué sentadas en bancas de madera disfrutaban de su momento romántico.
Hoy en día el Parque de la Reserva ha sido bautizado con el nombre de el Parque de las Aguas y es total- mente diferente gracias a la tecno- logía . No obstante, soy contrario al cambio de nombre porque el Parque se construyó en homenaje a los caídos en guerra sustituyendose por un nombre de Parque de diversiones con carácter lucrativo. Los que vivimos el otrora tiempo añoramos esa vivencia.