lunes, 27 de diciembre de 2021

ARTÍCULO/ ALERTA EN EL AEROPUERTO.

ALERTA EN EL AEROPUERTO.
Después de una interminable espera, llegó el gran día, corría marzo del año 2017, pronto, con mi esposa Amparo  cruzariamos el  gran charco del Atlántico para llegar al viejo con- tinente, donde nos encontrariamos con mi hija Anali que vive en Zurich con su familia y probablemente con Alexis, mi otro retoño que radica en Barcelona con los suyos.  Eran las 7 pm., los parlantes del Aeropuerto Jorge Chávez de Lima, anunciaban nuestro vuelo . La parentela y los amigos nos despedían con lágrimas y felices augurios, Araceli nos llenaba de besos, mi nieta Kathya, repetía encargos, Anabel con Tayro y Álvaro llegaban apurados, mientras Adolfo sostenía entre sus manos un inmenso globo de despedida. La gente a nuestro alrededor también daba el adiós a los suyos, cada quien en su mundo.  Era un gran alboroto. Escuchamos el último aviso e iniciamos la fuga, entre mocos y babas entramos en la aduana.Era el clímax de la partida,  Todo estaba consumado. Fue así que tomamos el camino de los viajeros del Vuelo 728 de Air France con  rumbo a su escala técnica en París. Para los  pasajeros las largas colas para la revisión de los pasaportes y las maletas de ma- no eran  situaciones ineludibles. No 
obstante, para nosotros de edad  preferencial fue más fácil y es que las canas así como el bastón que acompaña a mi cojera, no se podian ocultar.  Ya en la aduana, lo que parecía un carnaval se convirtió en una pesadilla ,porque en las fajas de control, una de mis maletas  fue con- siderada sospechosa de llevar carga ilegal, de inmediato, los agentes de aduana me separaron del grupo y mi equipaje fue revisado de cabo a rabo. Yo no cabía en mi vergüenza y Amparo temblaba como pavo en Navidad. Resulta que lo que provocó el embrollo fue que uno de los obse- quios que llevaba para mis hijos es- taba envuelto en papel de aluminio, ese que utilizan los "burriers" para ocultar sus mercancías prohibidas y que ahora  son fácilmente detecta- bles por la tecnología de control aduanero. Total, todo fue una falsa alarma, la sospecha se convirtió en un inocente incidente. Al retirarse el personal de control nos volvió el alma al cuerpo. Pero eso no sería to- do, resulta que en la aduana todos los pasajeros tienen que cruzar un sensor magnético que semeja una puerta, donde si portas un objeto metálico suena una bulliciosa alar- ma. Amparo cruzó la puerta sin novedad. En cambio, conmigo se activó generando un caos. La bulla era un auténtico tren de sierra . Los agentes de seguridad me rodearon inquisitivamente,  no tengo aparien- cia de mula narco pero me hicieron sacar la correa, los zapatos, mi reloj y revisaron prolijamente hasta mi  bastón, nuevamente crucé el pórtico y otra vez se activó la luz roja y el chirrido zumbon. Amparo se disparó no sé adónde. Los supervisores comenzaron la revisión manual, me sentí intimidado, estaban a punto de llevarme a las oficinas para un con- trol más exhaustivo, en ese momen- to les dije que tenía una prótesis de titanio en la cadera y qué tal vez era la razón de tanto alboroto .Los agen- tes con las manos en la cintura y con rostro desencajado me dijeron...por ahí hubiera comenzado,  luego, mascullaron el  consabido  Siga señor,  haciéndose a un lado... Tomé mi maleta rodante, alcancé a Amparo que de rabia no  quería ni mirarme. Cruzando la manga  llegamos al avión que con las turbi- nas encendidas nos esperaba para partir rumbo a Suiza. Éramos los últimos en subir a la nave.

TULIPAN / Julio 6/ 2020.