La Navidad, celebración de la Iglesia Cristiana, de aceptación casi univer- sal, tiene origen pagano. Existen teo- rías que sostienen esa relación, así se dice que existe vínculo con la anti- gua Persia quienes al inicio del sols- ticio rendían culto a Mintra, Dios del Sol; otros señalan que para esa fe- chas los griegos evocaban a Helios, que era un Titán, personificación del astro rey, inclusive otros estudiosos afirman que los astecas festejaban el cambio de estación con la presen- cia del sangriento Dios solar Huitzi- lopochtli. La relación más verosímil, la encontramos en Roma quienes antes de nuestra era celebraban el 25 de diciembre las fiestas Saturna- les, coincidiendo con el solsticio o llegada del invierno. Después de tres siglos del nacimiento de Jesús, y aunque no se sabe la fecha exacta del advenimiento del hijo de Dios, la Iglesia Cristiana Católica calculó su nacimiento en base a las aseveracio- nes bíblicas.
En el Siglo V d.c. el Papa Constanti- no consciente de que las manifesta- ciones paganas se mezclaban con los hechos narrados en la Biblia sobre el nacimiento de Jesús optó
por cristianizar la fecha declarando la como fecha oficial del naciente del Hijo de Dios.
Las representaciones navideñas o nacimientos se armaron inicialmen- te atrás de los altares de las iglesias, como muestras escultóricas y pictó- ricas representativas de la Fe, estos retablos se hicieron populares y para la fiesta del nacimiento del Salvador se estructuraron en los espacios dis- ponibles fuera de los templos, el pue- blo abrazo la tradición y se comenza- ron a construir en las casas con la visión propia de cada lugar, mezclán- dose con algunos elementos legados por las expresiones paganas Satur- nales. Con el tiempo los nacimientos han agregado nuevos elementos tal
como hoy los conocemos.