Los fines de semana, mi padre com- praba el diario El Comercio, corría el año 1957, yo, aún mozalbete, espe- raba con ansiedad, el día del des- canso familiar, para ir al quiosco y traer el referido periódico que venía acompañado del Suplemento Domi- nical donde aparecía en su última página la Historieta "El Supercholo", cuyo personaje tenía características andinas y fue creado por Francisco Miro Quesada Cantuarias quien fir- maba los güiones con el seudónimo de Diodoros Kronos y cuyos dibujos eran trabajo de Víctor Honigman y posteriormente de Antonio Negreiros y Carlos Castellanos. Era la época de Superman, Batman, Los Halcones Negros, Fantomas, Él Capitán Mara- villa, Mandrake, Flash Gordon y otros comics que avivaban nuestra imagi- nación y nos transportaban a un mundo de heroicidad fantástica.
El Supercholo no tenía superpoderes
era un héroe de raíces del Perú pro- fundo, que destacaba por su valentía, honestidad, determinación, amor a lo nuestro, ingenio y otros valores; en el fondo era la revaloracion del hombre andino, vestido como tal y que junto a su inseparable llama Chaccha había llegado a la costa empujado por la adversidad y por cosas del destino para vivir en la capital mil aventuras.
El Supercholo interactuaba con per-
sonajes del acontecer cotidiano como Arnaldo Alvarado, Alejandro Olmedo, Toto Terry, y se enredaba en imaginarias historias como un torneo de fútbol íntergaláctico donde nuestro país sale campeón. Estos relatos gráficos por capítulos convirtieron al Suplemento en la publicación más popular y exitosa de la época.
El Supercholo, dejo de publicarse en los 90, pero pervive en el imaginario colectivo y presente en quienes lo conocieron.