Wayra Q'oñi (viento cálido) era una joven noble del pueblo Chanca, na- cion enemiga acérrima de los Que- chuas; la doncella, hija del soberano rival, quedó huérfana, pues su padre perdió la vida en la batalla de Yahuar- pampa contra los cusqueños y quien al morir, dejó a su familia y a todo el pueblo vencido como botín de gue- rra, como era costumbre en los pue- blos andinos; la sufrida esposa del Jefe Chanca murió de pena por la desgracia y la hija por ser de ascendencia real excepcionalmente fue enviada al templo Qoricancha o Intihuasi para servir al Dios solar Inti y a la Luna llamada Quilla. Wayra Q'oñi seria una Aclla encargada de adornar con flores la Casa Dorada, morada de las divinidades quechuas donde también se conservaban momificados los restos de los soberanos Incas fallecidos. La Princesa era una escogida y serviría de por vida al sagrado culto Inca. La joven acató con resignación su destino, convirtiéndose en prenda apreciada por el Villac Umu, sumo sacerdote del adoratorio. Wayra Q'oñi destacaba por su belleza, espíritu de servicio, modestia y jovial optimismo.
En la Feria de las Flores que se cele- braba cada año en la plaza principal del Cusco, Sonco Wapu (Corazón valiente), hijo mayor del Inca Pacha- cutec, Auquí heredero de la Mascay- pacha Imperial disfrazado de campe- sino quiso conocer las bondades de su pueblo y adquirir la Flor de la Cantuta, aquella que crece en las al- turas andinas, para llevarlas al tem- plo y agradecer a su Dios protector por las victorias obtenidas. Sonco Wapu portando las Flores de la Cantuta ingreso al adoratorio sagra- do y conoció accidentalmente a Wayra Q'oñi. El Príncipe quedó cau- tivado al ver a la bella joven, y pese a la prohibición para que las vírgenes del Sol tuvieran contacto con el mundo exterior, los jóvenes se las arreglaron para seguirse viendo en el interior de la Casa del Sol. Las secretas visitas hicieron que entre ambos naciera un afecto que por su intensidad se convirtiera en amor, pero, habían dos razones poderosas para que dicha relación fuera vetada: ella era de la nobleza chanca y la más excluyente, era una doncella destinada al servicio del Dios Sol. Sonco Wapu habló con su padre Pachacutec para que la liberara de los votos de castidad explicándole que su relación con Wayra Q'oñi daría lugar a una tácita alianza estratégica con el pueblo chanca, lo que sería conveniente para fortalecer el Imperio del Tahuantinsuyo. El Inca fue determinante, no permitiría burlar al Dios y a la tradición Inca, ordenó a Sonco Wapu que viajará al oeste del Cusco y se encargara de la construcción de un refugio Inca en las alturas de Vilcabamba. El joven Príncipe muy a su pesar obedeció a su padre. La joven, que todo el tiempo había recibido la Flor de la Cantuta como muestra imperecedera del amor del Auquí, al conocer la orden del Inca durante la noche se escapó del claustro sagrado y com- prendiendo su suerte aciaga, para dar fin a su sufrimiento, se lanzó a las aguas caudalosas y torrentosas del río Urubamba. Sonco Wapu, que estaba en Choquequirao, cumpliendo la orden del gobernante Inca al ente- rarse de la muerte de su amada, enloquecido vagó por las alturas del Salkantay, en el camino con su dolor a cuestas, recogió multicolores ramos de la Flor de la Cantuta y se arrojó al río Apurímac, corriente que se une con el Urubamba y de este modo hallar en la convergencia de los rios a su amada Wayra Q' oñi.
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TULIPÁN/ Setiembre 21, 2022.