En la décadas del 60 y 70, la comida peruana aún no soñaba con el boom mundial qué goza hoy, no obstante, en aquel entonces nosotros ya comíamos rico y es que en nuestro barrio teníamos "huariques" donde se distrutaba de los principales platos bandera de esos tiempos.
Como no recordar EL Peñón, donde, sin temor a equivocarme se comía el mejor ceviche de Lima, donde probé por primera vez la hoy icónica "leche de tigre" , así como disfruté de una sinigual parihuela, un ceviche de erizos o un pescado frito a la "menier".
Sigo haciendo memoria y esta vez llego al Ronconcito, restaurante donde servían un suculento y delicioso saltado de calamar, único en Lima, que asentábamos con una sangría a la cual llamábamos "lija" que era un combinado de vino con Kola Inglesa
No puedo olvidarme de El Pollón una de los mejores pollerias de esos tiempos donde se servía el pollo a la brasa en canastilla, sin cubiertos y donde al final te alcanzaban una bandeja con agua y limón para que te laves y elimines las huellas de haber comido usando las manos.
No muy lejos estaba la picanteria La Arequipeña donde la comida del sur peruano era la única opción, ahí te servian la ocopa, los chicharrones, el rocoto relleno, la malaya frita, el pastel de papa o las patitas de cerdo con zarza.
También recuerdo el restaurante Rico Rico ubicado en la Av. Manco Cápac que atendía hasta altas horas de la noche y donde probabas un chaufa del cual aún conservo el gusto y aroma, aparte del apetitoso y bien servido lomo saltado.
Como olvidarme del Chifa Tong Fong
que atendía solo de noche y donde los cocineros si eran chinos y te preparaban a la vista la variedad de la comida cantonesa
Tal vez fuiste a la Llegada donde te servían una sopa levantamuertos, restaurante ubicado en la Av.San Carlos y qué estaba abierto las 24 horas, y era lugar obligado de los noctámbulos de Lima. El postre va al final y que mejor lugar que el tradicional Chalaquito ubicado al lado de la Municipalidad de La Victoria donde saboreabamos los mejores dulces de Lima.
La verdad es que queda mucha tinta en el pomo para completar esta historia, ustedes lo saben, lo cierto es que en nuestro criollo barrio fuimos comensales afortunados de una pionera cocina peruana.